En general, todo el mundo tiene alguna noción de lo que significa tener cervicalgia. Y es que los dolores en la zona cervical de la columna son de los más extendidos entre la población, ya que habitualmente se generan como consecuencia de malas posturas o movimientos.

Pero conviene ampliar la información acerca de esta patología, ya que es importante conocer sus síntomas, sus causas específicas y sus tratamientos, además de lo que se puede hacer para tratar de prevenirla.

Qué es la cervicalgia

La cervicalgia es el dolor que afecta a la nuca y las vértebras cervicales y que puede extenderse al cuello, la cabeza o a las extremidades superiores. Esta dolencia limita los movimientos y puede venir acompañada incluso de disfunción neurológica, aunque sólo en el 1% de los casos.

Qué causa la cervicalgia

Es muy común que la cervicalgia se presente debido a una mala postura. También un traumatismo, maloclusión mandibular o una alteración de la visión pueden provocar esta patología, ya que producen una tensión involuntaria en los músculos del cuello que a su vez provoca un bloqueo de las vértebras cervicales.

Es muy común que la cervicalgia se presente debido a una mala postura

Si estos bloqueos vertebrales se mantienen en el tiempo pueden provocar un dolor crónico por desgaste de las vértebras, conocido como artrosis cervical o cervicoartrosis; o un dolor agudo por presión sobre el disco intervertebral que puede provocar una hernia discal cervical.

Las contracturas musculares y los puntos gatillos miofasciales en trapecios y musculatura cervical pueden convertirse también en origen de la cervicalgia. Además, después de sufrir un latigazo cervical, como sucede en algunos accidentes de tráfico, la atención primaria suele indicar la inmovilización mediante un collarín cervical, cuyo uso a veces deriva en una rectificación de la columna en esa zona.

Enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide o la espondilitis anquilosante provocan también esta dolencia, así como el estrés, que provoca tensión muscular y bloqueo en las vértebras cervicales.

A quiénes afecta la cervicalgia

Se calcula que alrededor del 80% de la población sufre o ha sufrido de dolor de cuello

Se calcula que alrededor del 80% de la población sufre o ha sufrido de dolor de cuello y estadísticamente afecta a más mujeres que hombres. Los pacientes no suelen tener más de 40 años de edad y tienen una ocupación sedentaria; trabajando por lo menos 8 horas al día en el ordenador o conduciendo. Además, pasan su tiempo libre en actividades no-dinámicas, como leer, ver la televisión o jugar a videojuegos durante largos periodos.

Síntomas

Los síntomas más comunes de la cervicalgia son tener el cuello rígido y dolor al moverlo. Pero esta patología puede desencadenar otras molestias como:

  • Dolor de cabeza
  • Náuseas y vómitos
  • Cansancio/debilidad
  • Trastornos visuales
  • Fiebre
  • Vértigo
  • Pitidos en los oídos
  • Hormigueo en los hombros y manos.
Tratamiento

En muchos casos, el dolor agudo en la base del cuello puede desaparecer sin llegar a realizar ningún tratamiento. Otras veces, sin embargo, el especialista recomienda terapia manual realizada por un fisioterapeuta y analgésicos.

En casos de cervicalgia de larga duración o crónicos, existen distintas opciones de tratamiento. El pronóstico es generalmente bueno, si el paciente permanece activo y el tratamiento se lleva a cabo sin demora.

  • Fisioterapia y osteopatía
  • Tratamiento rehabilitador
  • Ejercicios adecuados: las personas con músculos débiles en el cuello deben seguir un programa adecuado de ejercicios para fortalecer la zona.
Consejos para paliar el dolor
  • Aplicar calor en la zona, durante 15 minutos, varias veces al día.
  • Tras la primera semana, y si el dolor ha mejorado, empezar a estirar la zona. Mover la cabeza lentamente arriba y abajo, a un lado y a otro. Subir y bajar los hombros varias veces.
  • Colocar una pelota de tenis en la parte de la espalda más dolorida, tumbarse sobre ella y mantener la postura unos segundos. Si el dolor es muy intenso, puede hacerse apoyado contra la pared.
  • Evitar movimientos que provoquen dolor, no hacer reposo total en cama y no cargar peso.